Shakespeare, reestructuración bancaria y ayudas de estado

30 July 2009

Jose Rivas

En El Mercader de Venecia de Shakespeare, Shylock exige al mercader Antonio que cumpla la garantía del préstamo que le había hecho: una libra de su propia carne.  ¡Quién iba a decir a Shakespeare que la crisis financiera y la reciente Comunicación sobre Reestructuración Bancaria de la Comisión Europea (23 Julio 2009) le iban a poner de actualidad! Efectivamente, las entidades financieras europeas deberán dejarse su libra de carne antes de poder recibir ayudas de estado para su reestructuración.

En España, gracias a una regulación sectorial modélica nos hemos evitado gran parte de la crisis bancaria.  No obstante, ciertas medidas han sido necesarias: el programa de avales a la financiación de las entidades de crédito, la creación del Fondo de Adquisición de Activos Financieros, el aumento del importe máximo garantizado por los Fondos de Garantía de Depósitos y la aprobación del FROB.

En Europa para llevar a cabo la estabilización del sector financiero nuestros gobiernos tienen que superar una dificultad añadida, el Derecho Comunitario de Ayudas de Estado (DAE) que exige obtener la autorización de la Comisión Europea antes de que ningún gobierno ayude a un sector empresarial o entidad de su país.  El objetivo último del DAE es evitar que las distorsiones a la competencia resultantes de ayudas concedidas por un Estado Miembro las acaben pagando los ciudadanos de otros Estados Miembros. 

La Comisión Europea, mediante cuatro Comunicaciones, ha explicado a las partes implicadas (gobiernos, reguladores nacionales, entidades afectadas, competidores, etc.) cómo va a aplicar el DAE al sector financiero.  Las tres primeras Comunicaciones identifican las ayudas permisibles: garantías para la protección de depósitos, esquemas de recapitalización, medidas relacionadas con activos tóxicos y la liquidación ordenada de instituciones financieras.  La cuarta Comunicación (23 Julio 2009) explica los requisitos que deben cumplir los planes de reestructuración que las entidades ayudadas deben presentar. 

Todo plan de reestructuración está sometido a tres condiciones: (1) restablecimiento de la viabilidad de la entidad a largo plazo, (2) reparto de la carga y (3) adopción de medidas limitadoras de las distorsiones a la competencia.  Es aquí donde el DAE se cobrará su libra de carne y los competidores de las entidades ayudadas podrán sacar su tajada particular al adquirir las libras de carne que sus competidores deberán necesariamente dejarse en el camino de su reestructuración.

El restablecimiento de la viabilidad es el objetivo último de toda ayuda a la reestructuración que puede durar hasta un máximo de cinco años.  Se prevén stress tests para probar la viabilidad de las entidades. La venta de una institución financiera puede ser una forma de lograr su viabilidad (ej. Lloyds Bank).  Atención, ya que los Estados Miembros no podrán autorizar la fusión de dos entidades financieras (ej. dos Cajas españolas), sin haber obtenido antes la autorización de las ayudas correspondientes por la Comisión Europea.

El principio del reparto de la carga significa que la carga de la reestructuración debe ser compartida entre el Estado y aquellos que controlan la entidad (los accionistas del banco) y las entidades mismas.  Con ello se intenta evitar el llamado moral hazard e incentivar un comportamiento adecuado de los gestores en el futuro.  Ejemplos de este reparto de la carga son: absorción de pérdidas mediante capital propio, remuneración adecuada al Estado por su intervención y la venta de activos.

Entre las medidas tendentes a limitar los efectos distorsionadores de la competencia, dos merece mención particular.  Las ayudas recibidas no pueden utilizarse para ofrecer condiciones comerciales que los competidores que no se beneficiaron de ayudas son incapaces de ofrecer.  Las últimas ofertas comérciales de CCM llaman especialmente la atención.  Como no deja de repetir últimamente la Comisaria Kroes, evitar que una entidad en dificultades sea expulsada del mercado restringe necesariamente la competencia por lo que la entidad ayudada deberá reducir su presencia en el mercado.  Si no pudo sobrevivir por sus propios medios se tiene que someter a una dieta de adelgazamiento forzado y la Comisión le puede exigir deshacerse de filiales, establecimientos, carteras de clientes, unidades de negocio, etc.  Por ejemplo, la Comisión ha obligado a Commerzbank a reducir su balance en casi 50%. 

El DAE es una navaja de doble filo que ofrece riesgos a unos y oportunidades a otros.  Algunos bancos españoles están en una situación privilegiada con respecto a sus competidores europeos, ¿utilizarán esta oportunidad para maximizar su ventaja competitiva?

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